Entrvista realizada por la revista
Que hay en danza?
Editorial y entrevista por Mercedes Tonelli
Julio de 2010
http://www.quehayendanza.com.ar/AGOSTO2010.pdf
Esta obra no puede decirse que sea el producto de un artista sino el resultado de la creación de seis bailarines y amigos entre sí, a lo largo de un año y medio de trabajo. La idea surgió de manera algo espontánea, pero continuó elaborándose hasta llegar a lo que se vio.
Sólo dos funciones, el 4 y el 10 de julio, fueron insuficientes. Los chicos –y el público-
nos quedamos con ganas de más, muy satisfechos con el resultado obtenido.
El reparto completo fue el siguiente: Belén Sagula, Carolina Mirabella, Sabrina de León, Georgy Britos y Horacio Castelli, bajo la dirección general de Walter Artigas.
El trabajo de Georgy fue fundamental para la concepción y presentación de la obra: de un modo original presentó una visión acerca de la construcción de la propia personalidad -en particular de la sexualidad- y de cómo se vivencia todo ello, como un proceso absolutamente individual e interno, pero también en relación con la sociedad circundante.
Nacemos y morimos solos. Esa es la cuestión. El hombre es un ser gregario pero, al final de cuentas, está solo con su conciencia. La construcción de la identidad es interna e irrepetible, y cada uno tiene que balancear las oposiciones entre lo público y lo privado, lo debido y lo querido, la luz y la sombra, lo masculino y lo femenino, lo violento y lo dulce. Se vive en constante lucha interna, en esa dicotomía entre una cosa y la otra, en la búsqueda de algún equilibrio dentro de un contexto cada vez más ambivalente, porque los roles se confunden ante la necesidad de sentirnos un poco más humanos, respetados, observados, o simple mente ignorados.
La interpretación de Georgy fue muy destacada y permitió que la idea sobre la cual estaba concebida la obra se transmitiera perfectamente, por el compromiso y las ganas con las que bailó. Carolina también sobresalió, por el dramatismo y la fuerza con que encaró su rol.
Hacia el final llamó la atención la utilización de la voz, algo extraño en una obra de danza, pero le imprimió mucho carácter a la situación y sirvió como remate de la trama.
La estética general de la función era oscura y no se caracterizaba por el virtuosismo o la variedad en los movimientos, sino más bien por la labor interpretativa. Ojalá la podamos volver a ver.



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